Si es la primera vez que oyes hablar de la masonería, no te preocupes, no vives en otro mundo. Una de sus principales carcaterísticas es el discretismo, a pesar de haber sido duramente reprimida.

La francmasonería, así es su nombre original, es una entidad de carácter no religioso, filósofico y simbólico que promueve el trabajo personal de las personas para eliminar sus defectos y conseguir ser lo más éticas posible. Además, creen en la vida después de la muerte porque defienden la inmortalidad del alma, se estructuran en lo que denominan logias y reúnen cada cierto tiempo en sus templos.

Se estima que la masonería, tal y como la conocemos ahora, fue fundada en 1717 en una taberna de Londres. Seis años despues, en 1723, se establecieron las Constituciones de Anderson que asentaban la creencia de un Gran Arquitecto del Universo. Desde entonces, el misterio siempre ha rodeado a esta institución a la que es complicado acceder, ya que es necesario pasar una serie de entrevistas y todos los miembros han de estar de acuerdo en aceptar a un nuevo componente.

Siempre se ha tildado a esta organizacón de conspirativa, antireligiosa, pecadora y, en los últimos años, también de corrupta, pues se relacionó a algunos de sus miembros con la mafia italiana. A pesar de ello, siempre han contado con numerosos intelectuales y personalidades en sus filas como, por ejemplo, Napoleón Bonaparte, Winston Churchill, Antonio Machado, Abraham Lincoln, etc.

Principal motivo

La causa principal por la que se les ha perseguido y reprimido es por su defensa y creencia en ideas liberales. Esto ha originado una «desconfianza» variable hacia la entidad a lo largo de su historia y ha sido la justificación constantemente utilizada por sus opositores.

Uno de los principales antagonistas de la masonería ha sido la Iglesia. Benedicto XVI y el papa Francisco, su sucesor, han mostrado siempre su rechazo a esta organización por su ideología, anticlericalismo y secretismo. Además, siempre han sostenido que pertenecer a esta entidad supone pecar. Su misteriosa imagen y simbolismo ha alimentado, durante siglos, los mitos y leyendas sobre ellos impulsados por Iglesia, como, por ejemplo, su supuesto culto a Satán.

Pero, sin duda, los grandes enemigos y represores de la institución han sido los regímenes totalitarios, sobre todo en Europa. Durante el nazismo, la masonería fue prohibida en Alemania. Lo mismo ocurrió en Portugal durante la dictadura de Salazar o en Irak cuando llegó al gobierno Saddam Hussein. Pero la institución también fue vetada durante el gobierno comunista de Stalin en la URSS.

¿Y en España?

La masonería ya fue prohibida durante los reinados de Fernando VI y VII y perseguida por la Inquisición. Sin embargo, la represión más dura llegó durante la dictadura franquista. Franco escribió y publicó, en los periódicos de la posguerra, numerosos artículos antimasónicos que firmó bajo el pseudónimo de Jakin Boor. Es más, el dictador creó un Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo.

Se estiman que al comienzo de la Guerra Civil había, a lo sumo, 6.000 masones en España. Se llegaron a crear 80.000 expedientes por pertenecia a la masonería. A día de hoy, no se sabe con exactitud cuántas personas han sido ejecutadas. Algunos autores calculan que 18.000 fueron acusadas de pertencer a la organización y, por tanto, juzgadas y fusiladas. Con la llegada de la democracia, la masonería se legalizó. El pasado marzo, la institución otorgó a Felipe VI su más alta condecoración.

En la actualidad, se estima que hay unos seis millones de masones por todo el mundo y continúan siendo «mal vistos» en muchos países, pues se les considera pertenecientes a una secta.